La ruta del pisco en Lunahuaná: bodegas que hay que conocer

Botijas de arcilla para pisco secándose al sol en la Bodega El Catador, Ica

LUNAHUANÁ — A menos de tres horas al sur de Lima, el valle de Cañete se abre entre cerros áridos y parras verdes que anuncian uno de los territorios pisqueros más antiguos del Perú. Lunahuaná y su vecina Pacarán concentran una tradición vitivinícola que se remonta a la Colonia, cuando los primeros viñedos españoles encontraron en este microclima seco y soleado condiciones casi ideales para la uva pisquera.

El pisco, declarado Denominación de Origen peruana, solo puede producirse en cinco regiones del país —Lima, Ica, Arequipa, Moquegua y Tacna— y únicamente a partir de uvas pisqueras cultivadas en esas zonas: quebranta, negra criolla, mollar, italia, torontel, albilla y moscatel. Cañete, con Lunahuaná a la cabeza, es la puerta pisquera más cercana a la capital, lo que la convirtió en destino habitual de quienes quieren conocer el proceso completo sin alejarse demasiado de Lima.

Bodegas que abren sus puertas

La ruta del pisco en la zona reúne bodegas de distinto tamaño y antigüedad, desde emprendimientos familiares que producen en pequeña escala hasta casas con más de un siglo de historia. Muchas ofrecen recorridos guiados por sus parras, sus alambiques de cobre y sus bodegas de guarda, donde el visitante puede ver de cerca el proceso completo: la vendimia, el prensado, la fermentación del mosto y la destilación, que en el pisco —a diferencia de otros destilados— se hace en un solo paso, sin rectificación, para conservar todo el carácter aromático de la uva.

El recorrido suele cerrar con una cata guiada, donde se distinguen los tres grandes estilos: puro (de una sola variedad de uva), acholado (mezcla de variedades) y mosto verde (destilado a partir de un mosto que no completó su fermentación, de sabor más suave y untuoso). Los productores de la zona suelen destacar que cada bodega imprime su propio sello al pisco según el suelo, la altitud y el manejo de sus parras, lo que explica por qué dos piscos de la misma variedad de uva pueden tener perfiles tan distintos.

Más que una bodega: un valle para el turismo de aventura

Lunahuaná no vive solo del pisco. El mismo valle que alberga las bodegas es también uno de los destinos de canotaje más conocidos del centro del país, gracias al caudal del río Cañete, y combina la visita pisquera con caminatas, paseos en bicicleta y ferias de productos regionales los fines de semana. Esa mezcla de enoturismo y turismo de aventura, a poca distancia de Lima, es lo que ha convertido a la ruta del pisco de Lunahuaná en una escapada de fin de semana clásica para limeños y visitantes extranjeros por igual, y en una vitrina permanente de un producto que representa al Perú en el mundo.