Inti Raymi: la fiesta del sol que revive el imperio inca en Cusco

Representación del Inti Raymi en Cusco durante el solsticio de invierno

CUSCO — Cada 24 de junio, coincidiendo con el solsticio de invierno en el hemisferio sur, Cusco revive una de las celebraciones más antiguas de Sudamérica: el Inti Raymi, o «Fiesta del Sol», el ritual con el que los incas rendían homenaje a su principal divinidad al inicio del nuevo ciclo agrícola. Considerada una de las festividades más multitudinarias del continente, la celebración actual recrea, con actores, danzantes y músicos, la ceremonia que en tiempos incas presidía el propio Inca desde el Coricancha, el templo del Sol.

La versión contemporánea del Inti Raymi se recuperó recién en el siglo XX, luego de que la festividad original fuera prohibida durante la Colonia por las autoridades españolas, que la consideraban un ritual pagano incompatible con la evangelización. Su recreación moderna se estructura en tres escenarios sucesivos: comienza en el Coricancha, continúa en la Plaza de Armas de Cusco y culmina en la explanada de Sacsayhuamán, la imponente fortaleza de piedra en las afueras de la ciudad, donde se representa la ceremonia central con cientos de participantes vestidos con trajes inspirados en la indumentaria incaica.

Una puesta en escena que involucra a toda la ciudad

Meses antes de cada edición, decenas de actores, danzantes, músicos y artesanos locales se preparan para dar vida a la representación: desde el actor que encarna al Inca hasta los figurantes que interpretan a la nobleza, los sacerdotes y el pueblo. La preparación del vestuario, la coreografía y la música —basada en instrumentos andinos tradicionales como la quena, el charango y distintos tipos de tambores— convierte al Inti Raymi en un proyecto colectivo que involucra a buena parte de la comunidad artística cusqueña, y que se prepara con meses de anticipación cada año.

Más que un espectáculo turístico

Aunque hoy es también un fuerte atractivo turístico —uno de los que más visitantes concentra en Cusco durante el mes de junio, junto a otras festividades del llamado «Junio cusqueño»—, los cultores y organizadores de la fiesta insisten en que el Inti Raymi conserva un componente de reivindicación cultural: es una de las formas más visibles en que la ciudad reafirma su herencia incaica y quechua ante el mundo, en un país donde buena parte de esa historia sobrevivió pese a siglos de intentos de borrarla. Historiadores y antropólogos locales suelen señalar que la fiesta funciona, al mismo tiempo, como espectáculo y como acto de memoria: una manera de mantener viva una cosmovisión que sigue presente en la vida cotidiana de buena parte de la sierra sur del Perú, mucho más allá de la representación de un solo día.

Para quien visita Cusco en esas fechas, el Inti Raymi ofrece algo poco común: la posibilidad de ver, en un mismo escenario natural de piedra milenaria, una puesta en escena que mezcla historia, identidad y turismo, con la Cordillera de los Andes como telón de fondo y el mismo sol que los incas honraban hace más de cinco siglos como protagonista silencioso de la jornada.