LIMA — Ferias como FICONTUR se han convertido en un punto de encuentro recurrente para el sector turístico peruano: un espacio donde operadores, agencias de viaje, cadenas hoteleras, aerolíneas y oficinas de promoción regional se reúnen bajo un mismo techo para cerrar acuerdos comerciales, presentar nuevos destinos y afinar la oferta que luego llega al viajero final.
Este tipo de encuentros sigue un formato ya conocido en la industria: una zona de stands donde cada región muestra su oferta —desde circuitos de turismo vivencial en la sierra hasta paquetes de playa en el norte y rutas amazónicas—, ruedas de negocios entre compradores y vendedores, y un programa paralelo de charlas y capacitaciones dirigidas a agencias de viaje, guías y pequeños emprendedores turísticos. Para muchas empresas regionales, participar es una de las pocas ventanas del año para presentar su oferta directamente a operadores limeños y extranjeros sin depender de intermediarios.
Un termómetro para el sector
Más allá del cierre de negocios, ferias de este tipo funcionan como termómetro del estado del turismo peruano: qué destinos ganan tracción, qué segmentos crecen —turismo rural comunitario, turismo gastronómico, turismo de naturaleza— y qué retos persisten, como la conectividad aérea hacia regiones alejadas o la necesidad de mejorar la señalización y los servicios básicos en destinos emergentes. Los organizadores y gremios del sector suelen coincidir en que la diversificación de la oferta —más allá de los destinos ya consolidados como Cusco o Lima— es uno de los pendientes estructurales del turismo receptivo peruano.
El público que asiste no se limita a profesionales del rubro. La jornada abierta al público general permite que familias y viajeros independientes se acerquen a cotizar paquetes, resolver dudas sobre documentación y descubrir destinos que no suelen aparecer en las rutas más promocionadas. Esa combinación de rueda de negocios y feria abierta es, precisamente, lo que ha dado continuidad a este tipo de citas dentro del calendario ferial limeño.
Con cada edición, el sector reafirma algo que sus propios gremios repiten con frecuencia: el turismo peruano depende tanto de la belleza de sus destinos como de la capacidad de la industria para organizarse, promocionarse y conectar oferta con demanda. Ferias como esta son, en ese sentido, la maquinaria menos visible pero igual de necesaria detrás de cada viaje que termina reservándose.
